Miembro de una familia con todos los atributos necesarios para que se le pudiera calificar, en ese tiempo como familia decente, con presencia en la sociedad y solvencia tanto económica como moral. Don Ramón Rodríguez Familiar, nace en el año de 1898 a unos metros de la iglesia de San Felipe Neri Catedral, en la casa de cantera de un solo nivel, pero de muy amplios espacios y que tiene proximidad con el edificio que en un tiempo ocupara el gobierno del estado, al estar frente a su puerta principal.

Se conoce, que su padre ejercía como químico y que su preparación le permitía dar clases en el colegio civil, así también, que su lugar favorito para sus juegos infantiles era el Palacio de Gobierno, en el que incluso por la amistad que su familia tenía con el conserje Don José Santiesteban, se le permitía el paso a la propia oficina del gobernador para jugar, lugar en donde un día es sorprendido por Don Francisco González de Cossío a la sazón Gobernador del Estado, encontrando al niño escondido bajo de su escritorio.

La influencia y autoridad que ejercía en el su padre, el que era miembro de la reserva militar del General Bernardo Reyes, motivó para que el buen Ramón se aficionara por la carrera de las armas pretendiendo ingresar al Colegio Militar, a lo que su padre puso objeciones porque no quería que su hijo fuera parte del ejército del dictador Porfirio Díaz.

Con los primeros combates de la revolución de 1910, se da de alta en el ejército constitucionalista bajo las órdenes del General Francisco Coss, participando en cuarenta y tres hechos de armas registrados en su hoja de servicios en la Secretaría de la Defensa Nacional. Conociendo a quienes serían importantes políticos y militares en la época posrevolucionaria, como sus amigos; Abelardo Rodríguez, el que siendo Gobernador de Baja California lo invita como su secretario particular. Unos años después, el General Abelardo Rodríguez al asumir el cargo de Presidente de la República, lo nombra jefe del estado mayor presidencial.

Durante la presidencia del General Lázaro Cárdenas del Río, le ofrece la candidatura a la gubernatura de Querétaro con la encomienda de corregir los excesos del gobernador Saturnino Osornio, con el que tendría muy serios conflictos, hasta estar a punto de morir en una emboscada en el Cerro del Zamorano, en que gracias al poder de fuego superior al de sus atacantes, los hacen huir a “puro plomazo” con sus ametralladoras browning que Alemania producía para sus ejércitos y que en la guerra causaron miles de bajas a los aliados guerra que el general Rodríguez Familiar atestiguaría años después.

Gobernó Querétaro, del primero de octubre de 1935 al primero de octubre de 1939, continuando los conflictos con Saturnino Osornio al seguir este con su actitud caciquil y molesto por la reapertura de los con el resultado del holocausto, al ver y oler los cadáveres apilados por miles, o en el ferrocarril donde
fueron trasladados cuatro mil prisioneros y en donde encontraron muertos a la mitad de ellos por el hambre al dejarlos “olvidados” en los carros del ferrocarril.

También se aprecia su deliberado “chauvinismo” al estar frente a las fuentes de la Torre Eiffel al expresar que la de Chapultepec “es mejor”, también ironizando relata su visita al museo de los inválidos, cuando en los salones en donde se encuentran las banderas arrebatadas en combate al enemigo, señala; que también ahí “están las nuestras,” y por su gran afición ecuestre, no pasa por alto, adivinándose cierto dolor al referir que ahí se encuentra el caballo de Napoleón “disecado”.

Dado lo valioso y trascendente de este documento, que él tituló “diario de un viaje” y quedando muy pocos ejemplares del mismo, los que el General Ramón Rodríguez Familiar imprimió para sus amigos, y que pretendemos rescatarlo para que su contenido sea conocido, por ser el testimonio de uno de los tres representantes de nuestro país, invitados por los Estados Unidos para conocer lo que acontecía en el frente de batalla, tan solo unos días antes del término de la Segunda Guerra y siendo de los tres generales el único que lo dejó por escrito.

Inicia su relato el General Rodríguez Familiar, el día 25 de abril de 1945, en que sale de la ciudad de México con el General José Beltrán y con el ayudante del agregado militar de los Estados Unidos el Capitán Henry L. Wightman, para encontrarse en Monterrey con el General Eulogio Ortiz, Comandante de la Séptima Zona Militar y al día siguiente, al amanecer, aterrizan en Baltimore y se trasladan a Nueva York en donde los atiende el General Grunet y durante tres días conocen bases militares y acuden a la ceremonia especial en donde condecoran al General Ortiz, por acuerdo del Presidente Roosevelt, recién fallecido. Lo trascendente fue; que por primera vez se condecoraba a un militar extranjero en la academia de West Point.

El día 29 de abril, salen con rumbo al Continente Europeo, pasando por Terranova, las islas Azores y Francia, en donde se hospedan en el hotel Raphael, lugar que unos días antes servía de alojamiento para altos jefes alemanes. Visitan las Tullerías, el Museo de Louvre, Place Vandome y cenan con el General Walter B. Smith jefe del estado mayor del Supremo Cuartel, quien al día siguiente les comunica. “Que, en el frente de Italia, las fuerzas alemanas se acaban de rendir”.

El primer acontecimiento importante del viaje, según relata el General Rodríguez Familiar, se da ese mismo día al ser presentados con el General Eisenhower, supremo comandante de las Fuerzas Aliadas y a quien se refiere como un hombre “extremadamente sencillo,” no obstante de ser la figura más grande de esta guerra.

El día tres de mayo aterrizan en Frankfort y son testigos de la gran destrucción del lugar, causándoles sorpresa, “de que el campo se encontrara muy bien cultivado” y que, por la destrucción de caminos y puentes, el traslado lo hacían por el río Rhin. Continúan por Bad Wildungen visitando al General Omar N.
Bradley y parten con rumbo Regansburg por cuyo camino pueden observar a numerosos prisioneros alemanes transportados en sus propios vehículos, así como prisioneros franceses, belgas, polacos, rusos y griegos recién liberados.
Para el día cuatro de mayo, se encuentran en Nurenberg, ciudad sagrada de los nazis, ahora totalmente destruida, visitan el estadio en donde Hitler cada año encabezaba la reunión del partido nazi ante más de ochenta mil asistentes y este día el lugar, ya bajo control del tercer ejército del General Páton, con quien cenan esa noche en el castillo de los príncipes de Baviera cuyo lujo resultaba extraordinario y ostentoso en grado superlativo, siendo la cena interrumpida varias veces por llamadas que atienden el propio General Páton.

El día cinco de mayo salen a Grafenau, lugar del cuartel general número doce, en donde tienen muchas dificultades debidas a la gran concentración de vehículos y la falta de puentes, viéndose obligados a “ir a vuelta de rueda” y a tan solo seis horas de diferencia del ejército alemán, el que se retiraba pero dando batalla, dejando vehículos abandonados y muchos muertos cuyo número “es terrorífico” por los muy pocos muertos sepultados de prisa, con solo el señalamiento de unas cruces pequeñas de madera que tienen encima un casco alemán.

La población de Grafenau está totalmente destruida, con cadáveres de soldados alemanes en las calles y huellas recientes de lucha, ahí se alojan esa noche en la casa de un oficial nazi jefe de la Gestapo, en donde encuentras sus uniformes, armas, archivos y en la cocina comestibles recién preparados, la casa contaba con estufas de carbón en cada habitación, las que estaban prendidas aún, pero ya este lugar sin la familia del oficial nazi. Ese día la cena fue acompañada de muy buenos vinos de la región, los que los soldados habían localizado en bodegas.

Unas horas después al amanecer del nuevo día, el General A. E. Brown, Comandante de la 50ª División, que en esos momentos era la unidad más avanzada y en contacto con el enemigo, había iniciando una ofensiva sobre territorio de Checoeslovaquia y pudiendo a unas cuantas millas de distancia, observar los
relámpagos de los cañones y escuchar claramente su estruendo, esto se daba en el lugar al que acudirían pocos minutos más tarde y en donde les tocó ver una operación de infantería combinada con tanques, para romper una barricada formada con puros troncos de árboles.

A su regreso pudieron ver carros del ferrocarril cargados con aeroplanos, motores y mucho equipo bélico alemán, que por la destrucción de las vías ya no se pudieron mover y también fueron testigos de la captura de cerca de mil prisioneros alemanes.

El día siete de mayo se despiden del General Páton en el momento que daba órdenes para que se suspendiera el avance iniciado el día anterior sobre Checoeslovaquia, por haber llegado las avanzadas de su ejército al lugar acorado con los rusos como límite de las operaciones y ahí se les informa de la posible
capitulación del ejército alemán.

El día ocho de mayo, visitando el cuartel general del sexto grupo de ejércitos, les confirman la noticia de la rendición de Alemania y el General Rodríguez Familiar, recapacita en sus memorias, de la suerte de ser testigos de la última operación de esta guerra y salen al Castillo de Heldelberg construido en el Siglo XIV, el que se conservaba suntuoso hasta antes de los bombardeos, quedando solo de notable; un enorme tonel para 225,000 litros de vino, admirable obra artesanal dada su magnitud y perfecta manufactura.

Durante el día nueve de mayo, recorren Augebuerg, dando un “pormenorizado relato” de su importante industria de papel y de relojes; ven los saqueos de los soldados franceses, y son testigos de un hecho sumamente trascendente “hoy nos tocó presenciar una cosa extraordinaria; la rendición de Goering” el que se presentó solo al cuartel general del Séptimo Ejército Norteamericano, y el General Patch les muestra el bastón de Mariscal de Goering, joya bastante artística, hecho de marfil con incrustaciones de oro y brillantes, el que más bien parece un cetro real, y después de esto, parten al campo de concentración y exterminio de Dachau en donde se les aplican gran cantidad de polvos de DDT y se les ponen ropas especiales las que habrán de ser incineradas después de su visita.

Refiere el General Rodríguez Familiar de esta visita, “este es el lugar típicamente representativo de lo que es la supercivilización alemana y de su corrompida ideología nazi, que ha arruinado a medio mundo y esperaba arruinar a todo el universo”.

Llegan a este campo seis días después de que fue capturado por las tropas norteamericanas y les toca presenciar los centenares de cadáveres apilados con una hediondez insoportable, asimismo pueden ver un tren lleno de cadáveres el que aún se encuentra en la escuela ferroviaria y a los que a las tropas encargadas de limpiar el lugar no les han dado tiempo de sacarlos para sepultarlos, ya que los hornos de cremación son insuficientes y lo más grave es que continúan muriendo cada hora más personas.

La historia del tren cargado de cadáveres es la siguiente; “en días pasados” escribe el General Rodríguez Familiar, “cuando las tropas americanas estaban a punto de capturar otro campo de concentración distante de este lugar, los alemanes en un afán de ocultar su crueldad, llenaron el tren con prisioneros desnutridos para trasladarlos a Dachau, contando probablemente en que este campo no sería capturado por encontrarse los sistemas ferroviarios completamente destrozados, habiendo la necesidad de mover este tren por vías secundarias y dada la duración del viaje quedó sujeto a constantes demoras, más de las que se suponían y en el transcurso del tiempo, fueron muriendo algo así como la mitad de los cuatro mil prisioneros que originalmente fueron embarcados y los que llegaron con vida han ido pereciendo día con día, pues su desnutrición es a tal grado exagerada, que ha habido individuos que al pretender probar alimento fallecen inmediatamente”.

Los instrumentos de cirugía y de tortura para los prisioneros, para asesinarlos de forma cruel, resultan pocos para lo más cruel que fue el asesinato por inanición, por hambre, incluso por extracción de órganos en supuestas operaciones experimentales para ver cuanto vivían faltándoles parte del cuerpo, quedando en el lugar más de once mil individuos que por sus condiciones físicas y por las enfermedades que padecían, algunas contagiosas, no podían ser movidos de este lugar.

En sitio cercano les son mostrados los aviones a chorro, ocultos en el bosque, pero cercanos a las carreteras las que habían sido habilitadas como pistas al quitarles los camellones centrales.

El día once de mayo regresan a Augebur y asisten “a la conferencia de prensa del Mariscal Goering” la cual duró una hora y en la que estuvieron sentados a tan solo dos metros de distancia, relatando que Goering se presentó impecablemente uniformado y muy bien rasurado y que su uniforme era gris perla con muchos bordados y hombreras también bordadas con enormes águilas de oro, la gorra tenía igualmente bordados al frente y que el escudo y el cinto de laureles igualmente con hilo de oro. “El hombre es muy gordo y de aspecto de burgués alemán, ojos azules muy claros y mirada penetrante y entre lo que declaró afirmó estar convencido de que Hitler murió el día 27 de abril que fue la última vez que lo vio encontrándose bastante enfermo y que suponía que lo mismo pudo tratarse de que su muerte
fuera por esa causa o bien por haberse suicidado e incluso por haber sido asesinado”.

El día doce de mayo vuelan con rumbo a Berchtesgarden, lugar de residencia de Hitler y desde el aire observan la selva negra con sus plantaciones forestales y su perfecto y cuidadoso manejo silvícola, así como numerosos aviones ocultos entre los árboles; y a 16 kilómetros del lugar de aterrizaje, se encuentran las ruinas de la casa de Hitler, solo quedan instalaciones como garajes, talleres, cuarteles muy amplios para los guardias de asalto y buena cantidad de maquinaria y de material de construcción para las defensas y refugios.

De ahí salen al verdadero refugio de Hitler “el nido de las águilas,” situado en el picacho más alto de la región, desde donde se domina toda la belleza de la cordillera nevada y a unos 50 metros se encuentran
unos generadores de niebla artificial con los que pretendían poner a salvo de ataques aéreos a este lugar.

Al regreso visitan el pabellón de casa de Goering, groseramente surtido de vinos y de víveres, incluso caviar ruso y jamones españoles, en este lugar se encuentran un tren con quince carros cargados de pinturas, tapices, tapetes, esculturas e infinidad de obras de arte robadas a los países conquistados.

Por la tarde, después de cenar, continúa escribiendo el General Rodríguez Familiar, un ayudante del General Match los invita a dar un paseo en el automóvil particular de Hitler el que les pareció “curiosísimo,” se trata de un Mercedes Benz de 16 cilindros muy lujoso con un blindaje a prueba de proyectiles de alto calibre y cristales de dos y media pulgadas de espesor.

El día trece de mayo aterrizan en Mannhein lugar destruido en el que en cuarenta minutos de bombardeos habían muerto 35 mil personas.

El día catorce de mayo realizan solo algunas compras y el día quince de mayo visitan la línea Maginot en la frontera con Bélgica y se dirigen a Serdán, haciendo alto en el camino a fin de visitar el lugar en el que Napoleón Tercero se rindió en 1870, después de haber sido derrotado. En este punto se les explicó cómo y por dónde invadieron los alemanes a Francia pasando por Bélgica y Luxemburgo y en este sitio el coronel francés que los acompañaba les comenta que su padre fue oficial de Maximiliano y que en Querétaro fue herido el día de la caída de dicha plaza, el quince de mayo de 1867, señalando la coincidencia de ser ese mismo día quince de mayo, pero de 1945.

A partir del dieciséis de mayo inician el recorrido de regreso, visitando Londres y en el almuerzo conocen al Mariscal Montgomery, recorren las zonas bombardeadas con los proyectiles V2, visitan la Cámara de los Comunes y la Catedral de Westminster, este recorrido lo realizan en dos vehículos del ejército norteamericano manejados por dos muchachas inglesas militares y en determinado momento al salir de un lugar que visitaban, encontraron los autos solos, alguien les dijo que las señoritas “se habían ido a tomar el té” y que regresarían dentro de media hora.

A partir del día diecisiete de mayo y hasta el seis de junio en que regresan nuevamente a Monterrey Nuevo León, realizan recorridos por diferentes instalaciones militares; viven de cerca la euforia de los presos liberados, pero también aprecian la soberbia e ingratitud del pueblo francés a través de su maltrato a las fuerzas norteamericanas. Visitan a embajadores de México en Francia y a militares que fungían como agregados militares, entre ellos al General Pámanes Escobedo el que sería gobernador años después.

Comparten la euforia del ejército triunfador de la guerra y pueden apreciar “su perfecta disciplina y buena organización”, son conscientes también de la encomienda que como militares distinguidos les dio su país;
México y la que resultaría por su gran trascendencia de las más importantes de sus vidas y los generales Eulogio Ortiz, Jesús Beltrán y Ramón Rodríguez Familiar, lo guardarían en su mente para siempre. Solo el exjefe del Estado Mayor Presidencial, el destacado militar con múltiples e importantes cargos en la Secretaría de la Defensa Nacional y orgulloso ex gobernador de su estado, Querétaro tuvo el tino de consignar en su Diario de un Viaje escrito en mayo y junio de 1945 y publicado en diciembre del mismo año, el que rescatado después de 64 años se da a conocer en forma breve por el alto valor histórico de su contenido, no solo para nuestro Estado sino para México mismo, esperando por esta gran trascendencia y lo bien realizado de este trabajo, que rescatado, ya fue publicado íntegro por Preserva Patrimonio -que lo rescata- y el Ayuntamiento de Querétaro, por “LIBRARIUS” en 2014, en memoria de su autor: El General Ramón Rodríguez Familiar.

Por Jaime Zuñiga Burgos

Queretano por nacimiento, Jaime Zúñiga Burgos cuenta con una muy amplia trayectoria en actividades políticas, sociales y culturales. Su formación de médico cirujano y licenciado en derecho, así como sus estudios de maestro en administración pública lo enfocan al humanismo. Lo mismo ha recuperado valiosas piezas arqueológicas que ha rescatado, importante documentos para la historia de México como el testamento original de Doña Josefa Vergara y Hernández, el decreto del presidente Benito Juárez para el cambio del sistema de medidas en la Republica, las mercedes de aguas del pueblo de Querétaro entre otros. Además de la ubicación de los restos del Marqués Juan Antonio de Urrutia y Arana en la iglesia de San Hipólito en la capital de la Republica. Preocupado por la pérdida de documentos de Querétaro junto con otros distinguidos académicos, fundó Preserva Patrimonio A.C. organismo creado para el rescate de nuestro patrimonio histórico. Actual Cronista del estado de Querétaro

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